En cada viernes, en cientos de mezquitas dispersas por las montañas del Atlas, el Rif, Sous y Massa y el este, el predicador se coloca en el púlpito y comienza su sermón con «Alabado sea Dios que…» en un árabe clásico y formal. Los fieles escuchan con devoción, pero muchos de ellos, especialmente los ancianos, las mujeres y los niños en las aldeas remotas, salen habiendo entendido la mitad del significado o menos.
Esto no es una falta de fe, sino una falta de comunicación.
La constitución marroquí es clara e inequívoca. El artículo cinco establece expresamente que el amazigh es un idioma oficial del estado junto con el árabe. Y la ley orgánica número 26.16 obliga al estado a tomar todas las medidas necesarias para integrarlo en diferentes áreas de la vida pública, incluido el ámbito religioso.
Sin embargo, aún se siguen pronunciando los sermones del viernes en árabe solamente en la mayoría de las mezquitas del reino, incluso en las áreas donde el amazigh es la lengua materna y única de miles de ciudadanos.
Esta realidad fue planteada con firmeza por la diputada Khadija Arouhal, miembro del grupo de progreso y socialismo, en una pregunta escrita dirigida al Ministro de Habous y Asuntos Islámicos. No pidió la eliminación del árabe, sino la integración del amazigh junto a él en las áreas donde se habla, para que la predicación y la orientación lleguen a los corazones de los fieles así como a sus oídos.
La pregunta no es solo técnica, sino una cuestión de justicia lingüística y efectividad del discurso religioso. ¿Cuál es el uso de un sermón elocuente si quienes se dirigen a ellos no lo entienden? ¿Cómo se puede hablar de «los objetivos de la sharia» y «la educación de fe» mientras una gran parte de los oyentes lo escucha como si fuera en un idioma extranjero?
El amazigh no es un dialecto local pasajero. Es un idioma constitucional oficial, un idioma de una civilización antigua, y un idioma cotidiano para millones de marroquíes. Su uso en el púlpito no disminuye la sacralidad del sermón, sino que la fortalece. El islam vino para toda la gente, y no vino para imponer un idioma a expensas de la comprensión de la religión. En muchos países musulmanes, los sermones se traducen o se pronuncian en idiomas locales, manteniendo los textos coránicos y hadices en árabe. ¿Por qué Marruecos sigue siendo una excepción en este ámbito?
La diputada Arouhal no se limitó al diagnóstico, sino que cuestionó directamente al ministerio:
- ¿Cuáles son las razones que impiden que se use el amazigh en la pronunciación o explicación de los sermones del viernes en las áreas que lo hablan?
- ¿Cuáles son las medidas que el ministerio tiene la intención de tomar?
- ¿Y cuál es el cronograma establecido para activar este proyecto constitucional en el ámbito religioso?
Estas preguntas abren una amplia puerta para un debate nacional tranquilo y responsable. No se trata de «politizar la religión» como algunos intentan representarlo, sino de activar la constitución y garantizar el derecho del ciudadano a entender su religión en su lengua materna.
El lenguaje no es solo una herramienta de comunicación, es el recipiente de identidad y pertenencia. Cuando un ciudadano amazigh escucha el sermón del viernes en su lengua, no solo escucha palabras, sino que siente que el estado y la institución religiosa le están hablando a él, no a una imagen estereotipada de él. Este sentido de pertenencia es la mejor garantía de la unidad nacional, no al contrario.
Ahora la pelota está en la cancha del Ministerio de Habous y Asuntos Islámicos. ¿Habrá pasos prácticos claros y definidos con plazos? ¿O seguirá el tema atrapado en los archivos como ha sucedido con otros casos?



